El Negro Jorquera y sus recuerdos: Yo sabía más tangos que el “Che” Guevara.

Juan López Baldomá, director Círculo de Periodistas

Su espacio habitual el Restaurant “Las Lanzas”, ahí en la Plaza Nuñoa, donde tendrá (me imagino) por siempre, su mesa reservada.  Hace un poco más de un año me había propuesto esperarlo para conversar y llegué más temprano  del momento que él acostumbraba ir, alrededor de las 18:00 horas, extrañamente estaba cerrado, me informaron que por la mañana había funcionado, era verano y hacían días que el local había re-abierto después de vacaciones.

Me senté en uno de los negocios disponibles a la espera que abriera  y que llegara el huésped más famoso del lugar: Carlos Jorquera Tolosa, conocido popularmente como el “Negro Jorquera”;  ya había pedido la cuenta para retirarme… cuando al lado, un poco desorientado por encontrar el local cerrado aparece su figura inconfundible, alto, con un excelente físico que no demostraba sus noventa y cuatro años,( Nació en 1924) y su típico bigote ahora encanecido.   Me adelanto y le pregunto ¿tienes idea porque no abren?  No, me contesta, ayer vine y no me dijeron nada.   Pagué rápidamente la cuenta y le señalo una mesa al borde del otro bar contiguo, explicitando de inmediato, ¡sentémonos ahí al lado! Allí esperaremos,  insistiendo -quiero mostrarte unas fotos-… pensó, como si sentarse en otro espacio (del que  ocupó decenas de años) fuese una traición vital, pero inmediatamente agregó, ¡ Muy bien ya abrirán y nos cambiamos!.  

Se sienta de espaldas a la plaza, vestido de impecable camisa celeste por fuera de sus pantalones beige. Al abrir el álbum de fotos, con retratos de emblemáticos periodistas y políticos chilenos, sus ojos brillaron, las pupilas se dilataron, reflejando el intenso proceso de sinapsis que provocaban las imágenes en  la memoria y los recuerdos fueron aflorando poco a poco, desordenada pero fluidamente iba entregando sus valiosos comentarios a medida que observaba  y atendía a las preguntas, en un contexto de camarería, sin ninguna intensión  o afán de entrevista.

La conversación, que duró más de dos horas, fue pasando de un tema a otro, personajes, países, hechos relevantes que vivió como protagonista privilegiado de la historia nacional y de los últimos cincuenta años del siglo XX.

Infancia y adolescencia

Hace recuerdos de su infancia “era pequeño y mis padres se fueron a  vivir a la calle Francia, al llegar a Av. Independencia,  había un tranvía el 36, que daba la vuelta en Plaza Chacabuco y su otro punto era el Matadero”. Le pregunté  si había frecuentado locales famosos de la época en ese territorio, como “El Derby” (que después se llamó “La Montaña”), allí casi esquina de la calle Echeverría, donde nació el club Iberia ;otros como  “El Gardel” y “La Democracia”. “Claro que sí -responde con cierta euforia- agregando que era muy grato el ambiente de la  bohemia de esos tiempos,  enfatizando  que  “se disfrutaba de una época romántica”.

No puedo dejar de hacer un comentario sobre la vieja bohemia de la “perdición y el pecado” y le recuerdo que la calle Francia al llegar a Vivaceta , entre Rio Jachal y Central estaba el lupanar de la Tía Carlina. ¡No! Me contesta casi alterado, no puedes faltar a la historia, en esa época la tía Carlina era la reina de la calle Maipú, después de los sesenta puso esa sucursal  -si se puede llamar así- agregó, en  Vivaceta 1226 donde hizo  famoso al Blue Ballet.

Al evocar los estadios  la Universidad Católica y Santa Laura, hace recuerdos de su pasado de deportista, “Yo quería ser futbolista y llegué a jugar  en primera, en  la cuarta especial de Green Cross, que salió campeón el año 1945”, era llamado el club de la aristocracia, porque sus dirigentes eran directivos del Club de la Unión estos  me invitaban a este exclusivo espacio.  La sede del club estaba en la calle 21 de mayo al llegar a la Plaza de Armas”.

Inicios en el Periodismo

Recordó sus estudios de Derecho,” me faltó un ramo, Derecho Internacional Público, para ser más preciso” y  agrega , “pero me atrapó el periodismo ¡y no me arrepiento de nada! Lo pasábamos muy bien, era muy divertido por los amigos que tenía, trabajaba en “Las Noticias Gráficas” estaba ahí en Teatinos frente a la Moneda”, sigue comentando que  “el diario tenía mala fama, pero eran acusaciones infundadas que  hacía la competencia para desprestigiarnos”, “después me pasé a la Última Hora, pero años antes que llegara el flaco Tohá a dirigirla” (1960), concluye aludiendo que su redacción estaba en el pasaje Tenderini.

Sus ojos se entristecen a l recordar a uno de sus mejores amigo, el flaco (José) Tohá “era el presidente de  la FECH y la sede estaba ahí en la Alameda, y tenía una gran amistad con Salvador (Allende) me lo presentó y de ahí siempre lo acompañe en todas sus campañas”, afirma con orgullo;  “con el flaco nos veíamos a diario en la FECH y de ahí íbamos al frente, a la Fuente Soda Iris, que estaba en la esquina con calle Estado, después , cerca, había llegado el “El Bosco”, a los dueños de este último negocio les costó  convencernos de que cambiáramos de sitio, hasta que nos conquistó y  después el lugar se volvió más famoso que la Iris” señala.

Le consulto sobre sus viajes al exterior y me responde “Buenos Aires fue la primera capital que conocí después de Santiago”, me invitó, no me acuerdo porque,  Raúl Elgueta que era Ministro consejero de la embajada de Buenos Aires añade “en esos años conocer Buenos Aires era algo especial”.  A estas alturas de la conversación los versos de la Cumparsita y los ademanes del acompañamiento del bandoneón hacían parte de la conversación y como -un lamento  personal del Negro – dejaba escuchar en su enronquecida pero afinada voz los compases de la Cumparsita:

“Si supieras, que aún dentro de mi alma, conservo aquel cariño que tuve para ti, Quién sabe si supieras, que nunca te he olvidado, volviendo a tu pasado, te acordarás de mí Los amigos ya no vienen, ni siquiera a visitarme, nadie quiere consolarme en mi aflicción. Desde el día que te fuiste, siento angustias en mi pecho, decí, percanta, qué has hecho de mi pobre corazón?  Y concluía haciendo ademanes de cerrar su instrumento imaginario y exclamaba Chanchannn”.

Prendía uno y otro cigarro, cuenta que después de Las Noticias Gráficas (diario que puso fin a su  circulación en marzo de 1958) me voy  a “La Última Hora” y a la revista “Ercilla”, esta última en la calle Agustinas “mis colegas eran Hernández Parker  que era un genio del análisis político y Lenka Franulic, de una inteligencia y textos fuera de serie, con un sentimiento mezcla de modestia y orgullo enfatiza “ mi escritorio, en medio de ambos”, finalizando  a Lenka  la tengo en un altar, fue muy buena amiga, como una hermana mayor”. Se lamenta de no haber guardado ninguna foto con ellos por la admiración que tenía de ambos, a propósito dice “en la revista también  estaban los mejores reporteros gráficos del país”.

Volviendo a sus viajes recuerda “Fui a dos o tres festivales de la Juventud en Europa entre 1952 y 1955, en uno de ellos, rememora “me encontré con una delegación de Cuba que la presidia Raúl Castro, él estudiaba leyes en Londres, y comenta  “generé una amistad muy fraterna  incluso me invito  a su país y estuve a punto de ir, pero no tenía plata, esto mucho antes de que triunfara la revolución, después del triunfo de la revolución fui varias veces”.

Le pregunto por su relación con Volodia ; responde preguntando ¿ Volodia Teitelboim? y se contesta ¡ bueno que otro Volodia va ser! añade enseguida “él vivía por aquí un poco más allá”  indicando lo que es hoy el sector poniente de la Plaza, tenía también un hermano vecino nuestro, hace un gesto con su rostro y levanta su voz ronca de fumador “ en esa época venir para la Plaza Nuñoa era un paseo, ¡una expedición! enfatiza; inmediatamente recuerda “Mis padres vivieron aquí en la esquina, allí, indica con un dedo,  estaba nuestra casa, donde está ese edificio grande, señalado hacia una de las esquinas del oriente de la Plaza. Mi madre Orfilia, recibió acá a Neruda  cuando regresó a Chile en 1952.

Este barrio era un territorio donde vivían muchos colegas y hace alusión al Perro Olivares, “que vivía aquí cerca y veníamos con él desde siempre, desde mediados de los sesenta, por eso “Las Lanzas” tienen un significado especial para mí”, continua. En este sector también vivió el chico Lucho Corbalán, con quien conversábamos mucho en esas bancas, señalando la plaza. Saca otro cigarro y aprovecho de preguntar cuanto tiempo que fumaba. Al principio lo hacía escondido, clandestino , hace un silencio levanta la mirada y como si capturara un recuerdo en las alturas explícita  “después en la FECH ¡Ahhh! ,  a propósito yo milite en las juventudes comunistas, no en el partido aclara y los compañeros de esa época me indujeron a este vicio, agregando se fumaba tabaco negro, el tabaco rubio era cosa de mujeres”.

Sus recuerdos van de un lado a otro, comenta que José Tohá  (cuyo padre tenía mucha plata señala) “me presentó al Chicho quien con sus afanes de ser presidente, me pidió que lo acompañara en sus campañas, ese mismo año 1952, ese año fue también  cuando ese batió a duelo con Rettig, esa madrugada fui uno de los primeros en llegar a unos potreros al final de lo que es hoy Vicuña Makenna ,porque el dato  a donde iban me lo dio el hijo menor de Manuel Eduardo Hubner , el Tinito ” (Esa información con los detalles aparece publicada en el libro que escribió sobre Salvador Allende)*

Agrega, para concluir igual los dos se querían y respetaba mucho, fue algo  que se les salió de las manos y como eran caballeros a la usanza de esa época tenían que concluir su altercado como se estilaba en ese entonces.

Le pregunto sobre un tema candente: La Libertad de Prensa y Expresión y su opinión al respecto, me mira con cara de un asombro incrédulo y responde con un sonido característico de esfuerzo que no tiene resultados . “UUUffff  es un tema viejo,  como para darle un contexto práctico concluye “me tocó el período en que se peleaba  por la creación del Colegio de Periodistas, lucha donde el Círculo de Periodistas con Juan Emilio Pacull a la cabeza dio una ardua labor para formarlo. Además  señala él me consiguió pega en “Las Gráficas”, allí también trabajaba mi compadre el “Gato” Gamboa.

Sin darnos cuenta había transcurrido más de una hora conversando y llegó el pedido una copa de vino tinto para Carlos y caipiriña para mí, al ver el trago se tentó diciendo  que le provocaba experimentar el característico cachaza con limón, por lo que le cambie mi vaso por la copa de vino. Al brindar levantó la copa y dijo:

« ¡Salud!». «Que en salud se le convierta.» «Con las mismas finezas pago.» «Que viva usted muchos años.» «Que asista usted a mi sepelio.»

Salieron a relucir muchos temas, su prisión, exilio, pero mi intención no era traerle recuerdos amargos dejaba que el solo hiciera una especie de catarsis ya que sentía el espacio y la confianza para hacerlo. En otro momento escribiré sobre eso.

Habló de su relación con Manuel Cabieses  comentando “inventamos junto Punto Final, estaba comenzando la revolución cubana, y yo quería colaborar confía en lo que te digo no más sino me pongo a llorar, y agrega siempre fue un gran amigo, el guatón Cabieses es un gran amigo “estaba comenzando la revolución cubana, le sugerí que viajara a Venezuela”; pregunta ¿sale todavía Punto Final ?

Sus recuerdos se mezclan y comenta sobre el Che Guevara “es uno de los personajes más impresionantes que haya conocido en mi vida”, agrega “es que ni parecía argentino, me siento orgulloso, yo sabía mas de tangos que el Che”, concluye  con una sonrisa. Hace recuerdos de amigos como Elmo Catalán al que le decía hay que ser muy…hace un gesto con las manos para llamarse Elmo, y nos provoca una carcajada.

Además me cuenta que me contrato  “El Nacional de Caracas”, y que también era colaborador Neruda, “y no puedo negar que me siento orgulloso”. “Con los venezolanos siempre me relacione bien, de hecho uno de mis primeros amigos de ese país  fue Jaime Lusinchi cuando estuvo exiliado en Chile”.

Le pregunto sobre su trabajo en redacción periodística y cuenta que la mayor parte de su trabajo lo realizó como reportero político y también policial, “uno de los amigos más queridos que tuve en mi vida fue  René Vergara que creó la Brigada de Homicidios y Raúl “Rucio” Montecinos que llegó sub-director de la Pesca  (PDI)”, eran muy amigos también entre los dos, indica haciendo un gesto con sus fino y largos dedos, de sus muy bien cuidadas manos. Su mirada se dirige hacia abajo y la emoción aflora he inicia su canto: “Eran otros hombres, más hombres los nuestros, no se conocía, coca ni morfina”… esto último no es verdad, comenta riéndose.

Contaba eso cuando una señora detrás de él se cayó en la calle, al pararme para ayudarla suspendimos la conversación un momento y él exclamó ¡Qué clase de periodista soy que no me di cuenta!

Al concluir lo acompaño hasta su lugar de residencia, unas doce cuadras desde la Plaza Nuñoa y un abrazo fraternal sella esa tarde de recuerdos.

Gracias querido negro Jorquera, que tu memoria y ejemplo de periodista y ser humano  comprometido con su época y su pueblo nos acompañe siempre y sigas siendo referente para nuevas generaciones.

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