Enfrentamiento decisivo entre el periodismo y su caricatura

Finalmente, después de una errática serie de desmentidos y evasivas, el gobierno de Arabia Saudita reconoció que el periodista Jamal Khashoggi fue asesinado en la sede de su consulado en Estambul.

La muerte del destacado comunicador, un crítico permanente de las restricciones a la libertad de expresión en su país y en el resto del mundo árabe, es un hito preocupante y doloroso. Pero no es un caso único. Durante décadas los periodistas latinoamericanos han estado denunciando los crímenes en contra de comunicadores y medios. Narcotraficantes, políticos corruptos y gobiernos indolentes han hecho posible que el periodismo no pueda cumplir a cabalidad su papel de “perro guardián” de la sociedad.

La tecnología ha agregado una amenaza más: las fake news o noticias falsas difundidas por las redes sociales. A estas alturas ya no son novedad: desde la elección de Donald Trump en Estados Unidos se ha denunciado su peligroso potencial para influir indebidamente en los votantes.

Esta vez, la voz de alerta provino de Brasil. Aquí en América del Sur esta mezcla de verdades y mentiras, confeccionada por usuarios ingenuos consagrados irresponsablemente como “reporteros ciudadanos”, y por mentirosos interesados en crear sus propias verdades, ha mostrado su peor faceta.

Hace unos días, el diario Folha de São Paulo denunció la existencia de empresas que compraron servicios para propagar mensajes en masa a favor de Jair Messias Bolsonaro, antes de que éste se impusiera en la primera vuelta del 7 de octubre. El instrumento utilizado habrían sido las redes sociales, especialmente whats app.

Calculamos que hubo centenas de miles de mensajes encaminados a los electores, todos falsos, para orientar el voto en dirección de mi adversario”, dijo Fernando Haddad en una conferencia de prensa en São Paulo. Una campaña similar estaría en marcha para la semana previa a la segunda vuelta, según el informe.

En cualquier lugar del mundo esto sería un escándalo de proporciones mayúsculas, que podría llevar a una impugnación de candidatura”, señaló el candidato del Partido de los Trabajadores.

El diario colombiano El Tiempo comentó que “Brasil entró así en el radar de las tramas políticas tejidas con la ayuda de redes sociales, como ocurrió con las presidenciales en Estados Unidos, el referéndum de salida del Reino Unido de la Unión Europea o con el plebiscito sobre el acuerdo de paz en Colombia”.

Ganó Bolsonaro. Pero si su eventual gobierno parecía desbordante de complejidades, a la luz de estos incidentes lo será aún más. El buen periodismo investigativo capaz de hacer denuncias responsables sin temor al peligro frente a su caricatura sin control en las redes sociales, empiezan a jugar un partido decisivo. La opinión pública del mundo debería tomar debida nota.

Por Abraham Santibáñez M

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