La desconocida historia de las tres gigantografías de la Taberna

Las imágenes, que grafican el cerro Tronador, el muelle de Lota y la Cordillera,  cuelgan tras la barra desde 1955.

Por Jonathan Mardones

– Esas son las imágenes-, les señaló Douglas Hubner, presidente del Círculo del Periodistas, a los cinco expertos de la Unidad Gráfica Digital, pertenecientes al Área de Conservación y Patrimonio del Archivo Central Andrés Bello de la Universidad de Chile.

Era un día de rutina de junio de este año y la Taberna estaba vacía. Los garzones se aprontaban a montar las mesas justo antes de la hora de almuerzo.

Andrea Durán, encargada de la Unidad, pasó tras la barra junto a su equipo para ver las fotografías más de cerca. Había sido convocada por Hubner para evaluar las condiciones de las imágenes, con el fin de remodelar uno de los espacios más emblemáticos del Círculo de Periodistas de Santiago.

Los especialistas se sorprendieron con lo que se toparon. «Fueron las primeras ampliaciones fotográficas que nos encontramos fuera de la Universidad de Chile. Para nosotros, un verdadero hallazgo», asegura hoy Durán.

Parados tras la barra, Hubner contó que las gigantografías estaban ahí desde 1955, dos años después de la fundación del edificio. Mientras las analizaban con detención, los profesionales se percataron de un detalle: un nombre que, borroso, se asomaba en un costado.

– Raúl Barrientos-  comentó Hubner-. Estas son de él.

Los expertos se miraron. Habían investigado la historia del departamento que los antecedió y Barrientos era una pieza clave que conocían muy poco. «Teníamos pocas pistas de él. Las imágenes revelaron su verdadero rol en la década del 50′ que a nosotros nos faltaba descubrir», cuenta Durán.

Semanas después, los expertos volvieron a La Taberna para desmontar las fotografías y llevarlas al laboratorio ubicado en el subterráneo de la casa central de la Universidad de Chile. Nadie las había sacado de ahí en 60 años. Sabían que tenían un material histórico en sus manos. La pregunta surgió de inmediato, ¿qué hacer con ellas? ¿Almacenarlas para que no se deterioren o devolverlas al Círculo?

El Google del siglo XX 

En la década del 50′, la Universidad de Chile tenía un rol mucho más importante que hoy en la sociedad. No sólo por ser la más importante de las siete universidades que existían en esa época, sino por ser la piedra angular de la educación pública chilena.

Por esos años la U. de Chile creó el Departamento de Fotografía y Microfilm. Su función era documentar proyectos de la propia universidad y de otros organismos estatales. Los fotógrafos recorrían el país generando imágenes, que eran ocupadas en cátedras, investigaciones o publicaciones.

El departamento se convirtió en el primer archivo fotográfico de Chile. «Antes la gente que necesitaba una imagen tenía que ir a un archivo, porque era la única forma de conseguirlas», relata Andrea Durán. El departamento cumplía una función similar a la que hoy realiza Google: eran el banco de imágenes al que los chilenos recurrían.

La gigantografía fue una de las técnicas que más utilizó por el departamento en la segunda mitad del siglo XX, tal como las que los funcionarios del Archivo Central de la U. de Chile se toparon en La Taberna del Círculo. «No habíamos tenido tanto contacto con una ampliación de ese calibre», reconoce Sebastián Salinas, integrante de esa unidad.

«Hay algunas facultades de la universidad que mantienen el trabajo del departamento. Hay una gigantografía de Neruda y otra de Andrés Bello. Pero no mucho más. Por otro lado, hay muy pocas fotografías de esa época. En las oficinas si se rompía alguna, se botaba y se reemplazaba por otra imagen. Pero estas se mantuvieron en el tiempo desde el 55», afirma Andrea Durán.

Los expertos de la Unidad Gráfica Digital tienen documentos e información que acreditan que el departamento de aquella época se relacionaba con el mundo intelectual y académico, pero tenían escasas evidencias de imágenes fuera de la universidad. Por eso cuando Douglas Hugber les señaló las fotografías de La Taberna para ellos fue un verdadero hallazgo.

«Las gigantografías nos dan la pista para seguir indagando ese vínculo un tanto desconocido para nosotros», afirma Durán. Además, confirmaron el verdadero rol de Raúl Barrientos, el autor de las imágenes: fue uno de los primeros directores del Departamento de Fotografía y Microfilm.

Él fue en su calidad de máxima autoridad del departamento, quien donó las fotografías al Círculo, tal como quedó registrado en acta de junio de 1955 de nuestra organización: «El Presidente  (Juan Emilio Pacull) da cuenta del obsequio del sr. Raúl Barrientos al Círculo de Periodistas que consiste en tres enormes fotografías murales que pasarán a adornar la Taberna. Se deja establecido que se trata de una obra muy valiosa«.

 

Testigos de generaciones

 

 

 

En los tiempos cuando los medios de comunicación se desparramaban por el centro de Santiago, la Taberna del Círculo era el epicentro bohemio de los periodistas de la época. Algunos, incluso, reconocen que se arrancaban en la hora de almuerzo a saciar la incontrolable sed.

Los menos fanáticos, llegaban después de la jornada laboral, a conversar y jugar cacho, y el que perdía pagaba la cuenta. Eran los tiempos donde el gremio recién nacía y prácticamente todos se conocían entre sí.

La vida nocturna se desarticuló completamente con el Golpe de Estado de 1973. Muchos periodistas que apoyaban a la Unidad Popular fueron perseguidos. De hecho, la Taberna fue el escenario de una de las desapariciones más dolorosas para los profesionales de aquellos tiempos.

En julio de 1976, Guillermo Gálvez Rivadeneira, director de la revista Hechos Mundiales, sentado en una mesa del lugar, vio cómo agentes del Estado ingresaron por la puerta que conocía de memoria para sacarlo a la fuerza. Hasta hoy no se sabe de su paradero.

No sólo los medios y las tradiciones fueron desarticuladas. La Dictadura hizo lo mismo con la Universidad de Chile, acción que impactó directamente al Departamento de Fotografía. Desde esa época, el departamento disminuyó la producción fotográfica, asumiendo una función ligada principalmente a la reprografía (reproducción de imágenes). Su estatus de archivo nacional perdió valor cada vez más. Con el retorno de la democracia las cosas no cambiaron y la llegada de la era digital en los años 2000 terminó por sepultarlo.

El trabajo histórico del departamento pasó a manos del Archivo Central Andrés Bello como una de sus colecciones patrimoniales. Parte de sus funciones las heredó la Unidad Gráfica Digital que hoy dirige Andrea Durán. Y que las gigantografías encontradas en La Taberna son uno de los últimos vestigios de esa historia. Por eso, al desmontarlas en junio pasado quisieron ser muy cuidadosos en su restauración.

A las fotos se les hizo uno test para saber qué era lo más adecuado para limpiar el material.  Catalina Salvo, la experta encargada del proceso, asegura que no quedaron como nuevas, porque hubo manchas que fueron imposible retirar.

Pero los especialistas se dieron cuenta que esas manchas son las marcas de 60 años, de generaciones de periodistas y forasteros que pasaron intensas tardes de juerga y conversaciones, aislados del resto de la ciudad. Momentos que solamente viven en sus recuerdos y en las manchas de los tres silenciosos testigos: las gigantografías.

«Las fotos están con la carga del lugar, de todas las conversaciones de los periodistas. Y estaban ahí los restos de nicotina, gotas de vino, de grasa. La huella de la historia del propio documento», analiza Durán.

La encargada de la Unidad Gráfica Digital reconoce que las imágenes están destinadas a desaparecer, porque el deterioro ya es evidente. Estima unos 30 o 40 años más. «Para que duren tendrían que estar en temperatura bajo cero, que no les llegue luz, encerradas, pero ¿qué sacas con tenerlas escondidas si no cumplen su función?», argumenta.

Semanas después de restaurarlas, la Unidad Gráfica Digital de la Universidad de Chile decidió volver a montar las fotografías en La Taberna, con algunas recomendaciones para su resguardo.

Durán, quien coordinó todo el proceso, dice: «Si van a morir, que mueran en el lugar que les corresponde».

 

 

 

 

*Las fotografías fueron tomadas por Camila Torrealba, de la Unidad Gráfica Digital, Archivo Central Andrés Bello, Universidad de Chile. 

 

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