Las enredaderas de la corrupción

Columna de opinión escrita por Sergio Reyes, presidente Comisión de Comunicaciones del Círculo.

 

Sergio Reyes.

 

Cuando Piñera parte a hacer sus negocios el año 2014, y deja atrás la presidencia de la República, abandona una comunidad que estaba siendo escalada por las ramas de la corrupción. Las enredaderas comenzaban lentamente a ocultar el cohecho y la descomposición de instituciones políticas, económicas, empresariales, religiosas, entre otras, y que en la oportunidad Piñera supuestamente no vio, aunque desde la presidencia y el poder todos sabemos que se puede ir más allá, y comprender hechos que para el común de nosotros no nos es permitido.

 

Aquellas enredaderas no dejaban ver hasta el momento sucesos que posteriormente conoceríamos como el caso Penta-UDI, colusión del papel Confort, de los pollos, Caval, del retail, los que se ocultaban tras un frondoso espacio fabricado por el propio sistema que la Constitución de la dictadura avaló.

 

Posteriormente, el gobierno de la presidenta Bachelet, también afectada por las enredaderas, comenzó a podar, limpiar y sacar de la estructura del sistema las ramas podridas, para que a lo menos algo de luz entrara y se refrescara la institucionalidad, la que venía a mal traer.

 

Para concretar lo anterior, las autoridades propusieron proyectos de leyes de probidad y  transparencia, es decir, dejar fuera el dinero en la política y volver a restablecer la confianza en las instituciones y en las personas, lo que permitió finalmente avanzar en mejoras sustantivas para la población.

 

Años más tarde, esa desconfianza reaparece, y demuestra ser innata en algunos que la llevan sobre sus hombros, sospecha que brota con un gobierno de derecha. Tal situación se reflejó en pleno cambio de mando cuando la presidenta Bachelet deja la piocha de O´Higgins, -símbolo del poder y donde éste radica- en un cojín ubicado en la testera, y en ese momento Piñera le pregunta a Bachelet si la piocha es verdadera.

 

Ante ésta revelación, Piñera creyó que volvía al mismo pueblo que dejó cubierto con enredaderas carcomidas por la pudrición, o tal vez pensó que volvía para ordeñar la vaca hasta dejarla seca.

 

Se habrá dado cuenta el actual presidente que la ciudadanía se resiste a ser dejada en el abandono individual, y que ésta comprendió que los espacios sociales permiten, por ejemplo, la educación gratuita.

 

Se habrá dado cuenta Piñera, y su ministro de desarrollo social, el mismo que dejó casi 70 millones de dólares en fideicomiso ciego, que la comunidad no puede ocultar la pobreza y la miseria en la exigencia de ser tomados en cuenta en sus palabras políticas, tal cual lo inició el gobierno saliente en base a los diálogos ciudadanos para la nueva Constitución, y que lamentablemente quedó a medio camino.

Debemos tener en cuenta que la peste podría volver e instalarse, como lo afirmara Camus, por tanto, los vecinos y ciudadanos saben que los avances democráticos pueden sufrir enormes retrocesos, y ser infectados por enredaderas con la plaga, las que son plantadas especialmente por quienes  defienden el sistema que instaló la dictadura.

 

Finalmente, Piñera es un diablo conocido que tendrá la obligación de seguir la senda ética dejada por Bachelet, aunque sus intereses, y los de su sector político, se enfrenten en un universo de las responsabilidades que no quieren asumir.

 

Responsabilidades que serán observadas por la ciudadanía verdadera y la piocha del simulacro, más allá del simbolismo que representa.

 

Y como es conocido, y sabemos a dónde apunta Piñera, en forma inconsciente dejó claro que la ausencia de lo popular también volverá a su gobierno, por más que se esfuerce en tratar de dejar su conciencia y sus supuestas intenciones sociales en un centro privado del Sename. El presidente designó directora de la institución a quien fuera su subalterna en Bancard, Banefe, y Aerolíneas Lan, ¡toda una empresaria que reconoce a los niños y niñas vulnerables como una cifra más!

 

La imagen que entrega hoy Piñera abre un principio de sospechas, y avizora un final nuevamente de enredaderas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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