8 de marzo, nuestras propias demandas

12
Mar

Por Oriana Zorrilla
Periodista

Desde el asesinato de las obreras de la fábrica textil en Nueva York en 1908 y el año en que la ONU decretó al 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer, la lucha por las peticiones no resueltas de los derechos laborales y el trabajo digno ha avanzado lentamente y en ocasiones ha experimentado graves retrocesos. En Chile, cada vez con más fuerza y de manera multitudinaria, nos manifestamos, además, en contra de la violencia patriarcal, la discriminación y la falta de reconocimiento del trabajo no remunerado.

Las mujeres periodistas debemos sumar nuestras propias demandas: la brecha salarial, el acoso, la discriminación en el ámbito del reporteo en temas sensibles, como catástrofes naturales o crisis sociales, e incluso las diferencias cuando se trata de acceder al desarrollo profesional mediante estudios de especialidad. Por lo tanto, es nuestro deber estar del lado de quienes denuncian estas situaciones a través de los movimientos feministas.

Si bien es cierto existen profesionales de las comunicaciones que han abierto camino en el ejercicio del periodismo, el trayecto por recorrer es aún cuesta arriba.

La revisión de lo acontecido con las mujeres en el último año, nos impulsa a levantar una voz indignada contra la forma en que los medios de comunicación y las redes sociales abordan las noticias sobre femicidios y desapariciones, y el trato a las víctimas de la delincuencia y/o violaciones. Queda claro que el sistema informativo no cumple a cabalidad con los principios éticos, de rigurosidad y excelencia necesaria para tratar éstos y otros temas.

En este contexto, nuestro principal desafío es lograr que se elimine el sexismo, la reproducción de estereotipos, la violencia simbólica y los prejuicios en los contenidos mediáticos, para dar coberturas éticas con enfoque de género y de derechos humanos.

Este 8 de marzo 2021 conmemoramos el Día de la Mujer en medio de una grave crisis sanitaria que afecta de manera especial a nosotras, y en el centro de un proceso constituyente que debe enfrentar con fuerza los problemas que se denuncian para obtener que la situación cambie radicalmente.

Sin abstracciones, debemos exigir a quienes sean electos o electas consagrar en la nueva Carta Magna el derecho a la comunicación y un sistema de medios democrático que asegure el pluralismo, la igualdad y que abra paso a una nueva democracia para Chile.

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