Cuándo, dónde y por qué dejamos de ser amazonas

19
Mar

Por Olivia Mora

¿En qué momento de la historia de la humanidad las mujeres perdieron el poder que tenían cuando se crearon las primeras comunidades?

El historiador griego Heródoto fue uno de los primeros en reconocer que la historia de la humanidad empezó bajo un matriarcado, con las llamadas amazonas, un pueblo de mujeres guerreras,  habitantes de vastas regiones al norte de Turquía.

En los siglos IX y X a.c. se desplazaban  en las llanuras de las estepas euroasiáticas los Escitas, pueblos nómades y cazadores. Sus mujeres,  según los investigadores, montaban a caballo y luchaban codo a codo con ellos en la conquista de territorios para poder conseguir granos y animales para la subsistencia.

Las primeras referencias que se conocen de estas guerreras vienen del historiador Heródoto y dan cuenta que “las amazonas buscaban y se enamoraban de  los hombres escitas, pero se negaban a estar confinadas a la vida doméstica”. Así, formaban una sociedad matriarcal dónde permitían la presencia de los hombres sólo para procrear, y luego los despedían.  Para otros investigadores, es en la Ilíada de Homero donde se encuentra  la primera referencia a las amazonas.

Por muchos siglos, las amazonas fueron consideradas un mito o una leyenda griega. Pero con el correr del tiempo se descubrieron hallazgos de mujeres guerreras enterradas con sus arcos en sitios donde pudo haber habido una guerra entre tribus. Las amazonas dejaron de ser un mito, fueron una realidad. Los entierros en algunos territorios confirman ese oficio de  luchadoras, ya que en sus huesos se observan cortes y en la parte derecha de su tórax, un seno amputado.

Se cree que de ahí proviene la palabra amazonas. De la palabra griega   “amazos”,  que significa “sin seno”. Se cree que ellas se lo cercenaban para poder usar con mayor facilidad el arco con el cual se defendían.

Esta hipótesis es muy decidora para la escritora Adrienne Mayor, de la Universidad de Stanford. El conquistador de la gran selva sudamericana, Francisco de Orellana junto a Vicente Yañez Pinzón, creyeron ver en esa selva mujeres guerreras y bautizaron ese vasto territorio como “amazona”.

Pero, ¿cuándo se extinguieron estas mujeres guerreras? Y ¿por qué no pudieron sostener o resguardar el poder que habían generado con su valor  y destreza?  

Aunque no está claro el comienzo de esta declinación, hay investigadores que advierten que fue la aparición de las religiones y su poderío el que determinó que lentamente las mujeres fueran empujadas a la autolimitación y la inseguridad en todo orden de la sociedad. El velo del oscurantismo para la mujer había comenzado con las religiones monoteístas. Ya  no había poderosas Diosas, como en la antigua  Persia, Egipto, Grecia o Roma. Sólo un Dios hombre y los grandes iniciadores de religiones también fueron varones.

Las más de cuarenta y siete importantes Diosas de la cultura greco-latina fueron enviadas al olvido. Ni la sabiduría de Atenea o la experticia del tiro al arco de Artemisa se salvaron. Otras no fueron reconocidas, sino más bien expectoradas por los nuevos enemigos, como Gaia, la diosa de la tierra madre. 

La mujer, por orden de sacerdotes, emperadores y varones, tenía que regresar  a sus labores domésticas, aquellas a las que se habían rebelado las amazonas.

Con el advenimiento de los emperadores romanos, convertidos al cristianismo, la mujer pasó a ser un objeto de entretención, sexualidad y utilización tanto para ellos como para los súbditos. A este desprecio por la mujer adhirieron también cardenales y príncipes, organizadores de orgías, entre los que destacan los cardenales romanos de la familia de los Borgia, en el siglo XV de nuestra era.  

La llegada de la Edad Media viene a reafirmar la creencia de que la mujer debe dedicarse a las labores domésticas, crianza de los hijos, ayudar en las cosechas agrícolas cuando faltan brazos y ser obsecuente con su hombre. Incluso en tiempos de las cruzadas, se llegó a la aberración de poner cinturones de castidad de fierro con cerrojos a las mujeres, mientras los hombres permanecían en la guerra.

En tiempos del Renacimiento, luego las repúblicas y enseguida los tiempos modernos, las mujeres no lograron el poder de guerreras que tuvieron aquellas primitivas amazonas. El paso de los siglos había diluido el poder que alguna vez pudieron alcanzar. Nunca más regresarán las diosas a la creencia popular, ni las amazonas a sus arcos para enfrentar batallas.

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