Discurso de Hernán Miranda Casanova en actividad de homenaje del Círculo de Periodistas

Quiero agradecer este homenaje que, por venir de mis pares, tiene una gran significación para mí.

Quiero dar una revisión de mi trayectoria profesional.

Estudié Castellano y Periodismo en la Universidad de Chile, pero mi relación con esta noble profesión tuvo un inicio muy anterior.

Mi contacto con el periodismo puedo remontarlo a mi etapa infantil a inicios de los años cincuenta. Justamente cuando tenía once años y estaba en quinto año primario tuve como profesor a un docente y periodista, Jorge Soza Egaña. En esa ocasión, entre las actividades educacionales el profesor nos hizo trabajar en un diario mural. Este, que se llamaba “Sucede”, tuvo características muy  especiales en que tenía textos escritos a máquina y contaba con fotografías que tomaba un reportero gráfico del Diario Ilustrado de 18 años, que aportaba las imágenes como una forma de dar por cumplida su enseñanza primaria. La otra novedad es que el profesor Soza me designó como director, aprovechando que era prolífico aportando artículos.

Años después tuve relación con el diario El Siglo, en que incidieron otras circunstancias. Alrededor de 1960 mi hermano mayor, Edgardo, empezó a trabajar en el diario, lo que me permitió ligarme a un medio de comunicación.

Mi primera irrupción en el mundo literario fue mi inclusión cuando tenía 21 años, en 1963, en la antología “Cuba sí”, editada por el escritor Vicente Parrini Ortiz. Fui el menor de los antologados que incluían a lo más granado de la poesía chilena, desde Neruda y de Rokha hasta Ángel Cruchaga Santa María, Enrique Lihn, entre un total de 22 poetas chilenos.

Mi trabajo formal como periodista se inició a partir de 1970 y hasta 1973 en la OIR, la Oficina de Informaciones y Radiodifusión de la Presidencia de la República, que funcionaba en La Moneda y contaba con un departamento de Prensa, uno de Radio y uno ligado con la Televisión.

Esos tres años ligado al desarrollo del gobierno de Salvador Allende me dieron una experiencia profesional y humana notable. Incluso ello se expresó en el poema principal del trabajo poético llamado “La Moneda y otros poemas” con el que gané el Premio internacional Casa de las Américas de Cuba en 1976.

Tras el Golpe de Estado viajé a Buenos Aires donde me incorporé a la agencia noticiosa rusa Tass, como especialista en asuntos chilenos. Lo notable es que desde la agencia aportábamos con muchos contenidos para la prensa de izquierda internacional y especialmente para el programa “Escucha Chile” de Radio Moscú, apoyado por un receptor de onda corta que me permitía entregar informaciones y panoramas que parecían provenir directamente desde Chile.  He sabido que los militares llegaron a pensar que la Resistencia disponía de una radio clandestina, lo que no era cierto.

En 1976 viajé a Santiago para asistir el funeral de mi madre. Vine con mi esposa, Marta Beatriz Lapides y ello me permitió empaparme más con la atmósfera de la dictadura. A inicios de 1978, cuando se levantó el Estado de Sitio, viajé de nuevo a Santiago y permaneciendo en Chile fui testigo de la emocionante reacción de cientos de jóvenes que el Primero de mayo enfrentaron a la policía en la Alameda luego de un acto litúrgico en la Iglesia de San Francisco. En el templo mismo fui testigo emocionado de cómo un centenar de personas, la mayoría jóvenes, cantaban el Himno de la Alegría tomados de las manos.

Volví definitivamente a Chile a inicios de 1981 y poco después entré a trabajar en el diario La Tercera, donde me desempeñé hasta 1991, en el suplemento dominical Buen Domingo, que era dirigido por la periodista Inés María Cardone, que a la sazón era nuera  del entonces dueño del diario, Germán Picó. En Buen Domingo escribí varios reportajes relacionados con la vida cotidiana, con la vida cultural, incluso asuntos conflictivos, y una serie destinada a Pablo Neruda, sin esconder nada como su huída a Argentina y sus vínculos con el Partido Comunista. Una anécdota: en una comida estuvieron juntos el entonces dueño de La Tercera, Germán Picó, y el director de la CNI. Este general le confidenció a Picó: “Hemos comprobado que Inés María Cardone es comunista”, a lo que el dueño de La Tercera le dijo: “No. Cómo se le ocurre”.

El hecho más llamativo de mi paso por La Tercera fue cuando me encerré en una jaula del Zoológico de Santiago. El hecho constituyó una noticia internacional y en los hechos un capítulo relevante como acción de arte con claras referencias  a la situación de dictadura.

Y en una última etapa trabajé en el suplemento agrícola del diario, lo que me obligó a especializarme en asuntos silvoagropecuarios.

En 1991 empecé a trabajar en el Ministerio de Agricultura, a través de la Fundación de Comunicaciones  del Agro, FUCOA. Una de las experiencias más enriquecedoras fue un proyecto de comunicación rural, Este consistía en un programa de media hora que se enviaba mediante casettes a un centenar de radios en todo el país. Este espacio contaba con la participación de la folclorista Catalina Rojas, y a veces de su esposo Roberto Parra y otros folcloristas, y de ahí derivó mi conversión en creador de décimas y letras de cuecas que cantaba Catalina. Una selección de esas décimas fue publicada por FUCOA bajo el título Décimas de Nuestra Tierra.

En dos temporadas distintas trabajé en el programa “Tierra Adentro”, conducido por el periodista Paul Landon, cuando se trasmitía por Televisión Nacional.

En los años ochenta  y noventa publiqué varios libros, además de participar en numerosas  actividades artísticas.

Entre otras labores hice comentarios culturales en la Radio Nuevo Mundo. También realicé reseñas de libros en el diario La Época, lo mismo que había hecho con el diario La Opinión de Buenos Aires, colaboré con la revista Pluma y Pincel, con el diario La Nación y desde Chile con la revista “Ñ”, suplemento cultural del diario Clarín de Buenos Aires. También colaboré con el diario El Siglo.

En cuanto a premios, he obtenido el Premio Casa de las Américas, el Premio Municipal de Santiago y el Premio Altazor. Cuando obtuve el Premio Municipal de Santiago realicé un recorrido por Europa con mi segunda esposa, la poeta Palmira Rosas. El viaje por las ciudades de París, Roma, Madrid, Barcelona, Sevilla, y un viaje en barco desde Italia a Grecia, que incluyó el paso por la mítica isla de Corfú, lo que tiempo después dio origen a un extenso poema titulado “Rumbo a Corfú”.

Entre otras responsabilidades he sido director de la Sociedad de Escritores, Consejero del Consejo Nacional del Libro y la Lectura, y Vicepresidente, tesorero y director del Círculo de Periodistas, además de haber presidido varios años la Comisión de Cultura del Círculo.  A ello se agrega la dirección de varios talleres literarios y mi función como jurado en diversos concursos.

Para terminar, debería mencionar que a partir de los años ochenta me incorporé a la actividad académica. Fui docente durante una década de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Santiago, además de haber realizado docencia en las universidades Academia de Humanismo Cristiano, la universidad Arcis y la universidad  La República. En el año 2000 obtuve el grado de Magíster en Filosofía Política otorgado por la USACH.

En dos oportunidades he sido postulado al Premio Nacional de Literatura, la última con el respaldo de la Universidad de Santiago, además del apoyo del Círculo.

Esta es una somera reseña de mi labor como periodista y poeta. Viéndolo en contexto, creo que  he sido lo más parecido a un intelectual  orgánico, como proponía el filósofo Antonio Gramci.

A mis ochenta años, parangonando a Violeta Parra, doy gracias a la vida por haberme permitido realizar tantas cosas y sin haber tenido que vender mi alma al diablo.

Hernán Miranda Casanova,
28 de mayo de 2022
Círculo de Periodistas de Santiago

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