El Santiago que se fue

Por Enrique Ramírez Capello

El retrovisor sentimental y nostálgico me lleva a mirar el antaño.
Releo “El Santiago que se fue”.
Su autor, Oreste Plath, evoca bares, restaurantes, callejuelas y rincones de la capital del pretérito.
Al modo del gran reportero Tito Mundt, yo lo conocí.
Era un folclorólogo con pasión por su tierra y las tradiciones.
Recorría iglesias y capillas, asistía a fiestas religiosas y las investigaba.
Estuve muchas veces con él en nuestras oficinas de “Las Últimas Noticias”.
Escribía notas sobre mitos, leyendas y costumbres.
En otoño e invierno lucía su negro gorro ruso.
Amable en sus diálogos con Luis Sánchez Latorre, Homero Bascuñán, Luis Diharce y conmigo.
Todos mayores que yo.
Me deleitaban y aprendía de sus conversaciones cultas y muy irónicas.
¡Sabios a la chilena!
Nació como César Octavio Müller el 13 de agosto de 1907. Se trasplantó al seudónimo de Oreste Plath.
Jamás se detuvo en sus libros, ensayos y artículos.
Grijalbo reeditó “Folclor chileno”, “Geografía del mito y la leyenda chilenos”, “L´Animita”, “Folclor religioso chileno”, “Lenguaje de los pájaros”, entre otros.
Como anécdota, recuerdo que publicó, para un servicio de salud, cien nombres del miembro viril en nuestro país. Picardía popular e ingenio criollo.
Hay lugares que conocí gracias a él en mi juventud periodística.
Aprendí a amar la bohemia en “Il Bosco”, famoso restaurante en Alameda, cerca de Estado.
Desde allí salió una madrugada el escritor y periodista Edesio Alvarado, originario de Calbuco.
Entró a la iglesia de San Francisco.
Ebrio, lo hizo cuando se oficiaba la primera misa y gritó: “¡Viva el diablo!”.
Rememoro circunstancias de ese local que concentraba a novelistas y reporteros.
Entre ellos, Luis Hernández Parker, el gran analista político, los hermanos José y Mario Gómez López y Enrique Lafourcade, promotor de la Generación del 50.
Casi al lado se encontraba el Negro Bueno. Renato González, Míster Huifa, maestro de Julio Martínez y de Raúl Hernán Leppé, contó que una noche Juan Emilio Pacull, creador del Círculo y del Colegio de Periodistas, narró completa la novela “Servidumbre Humana”. Encontrarse con él era garantía de seguir hasta las 6 de la mañana, antes de regresar a casa.
En este libro, se rastrea que Osvaldo Muñoz Romero, Rakatán, autor de la frase “Hay ambiente”, registraba que en teatro Ópera estaba el Bim Bam Bum, teatro frívolo, donde destacó la vedette francesa Xenia Monty, del Folies Bergere de París.
En él nacieron las hermanas Ubilla.
Oreste Plath añora el Oriente, en el entorno de la plaza Baquedano, la Quinta Rosedal, en el paradero 18 de Gran Avenida, donde cantaban famosos intérpretes.
A media cuadra estaba el restaurante de Agustín Capello, hijo de un inmigrante genovés del mismo nombre.
En el paisaje capitalino de la obra reasoman la Posada Tarapacá y el Café Sangrante, en Moneda esquina de Ahumada.
Personajes que vivieron en la noche como, el “Cadáver Valdivia” de quien Pablo Neruda explica el apelativo en “Confieso que he vivido”.
Los intelectuales preferían la noche, ejemplo que seguimos los nuevos cronistas universitarios.
Multitud de anécdotas, recuerdos y nombres de “El Santiago que se fue”.
Un libro para revivir.

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