Fidel, reportero y amigo

Por Sergio Velasco

Lloró como lloran los hombres, ocultando las lágrimas, quizás con un poco de vergüenza ajena, apartándose de sus compañeros, tratando de ser invisible ante los de su radio, que se agolpaban para saber la fatal noticia, otro muerto más, en esos días aciagos.

Los años de la locura colectiva que nos tocó vivir.

La muerte del Mario Martínez Rodríguez, joven dirigente universitario, lo marcó para siempre. Lo encontramos en la playa de Santo Domingo, después de una infructuosa búsqueda por cielo, mar y tierra. Unos pescadores artesanales, nos dijeron dónde estaba el gélido cadáver, que la marea lo arrojó a la orilla, como mudo testigo de la brutal violencia del régimen.

Fidel nos acompañó en más de una ocasión, despachando, entrevistando, informando con absoluta veracidad los distintos hechos de terror. Los cientos de veces que desde provincia, relataba lo que veía: la odiosa persecución de que éramos objeto, ante el permanente atropello a los derechos más esenciales de la persona humana: la vida

Así comienza a tejerse una incipiente amistad, alimentada por la dificultad, por los horrores, por la incertidumbre si al día siguiente, volveríamos a escucharnos, a saber del otro, aunque estuviéramos distantes, comunicados solo por la trasmisión de Radio Cooperativa, su emisora radial, que lo formó con sólidos principios.

Tenemos pésima memoria, más aún cuando se quiere cercenar la Historia, para olvidar a hombres y mujeres del periodismo, héroes anónimos, que con su consecuencia y ética, abrieron puertas selladas, para que la luz de la libertad comenzara a penetrar y expandirse en el profundo corazón de los y las chilenas.

Este periodista, como muchos otros, fue testigo viviente, luchador incansable por rescatar un valor esencial y muy necesario para cualquiera nación: la libertad de prensa “sin un periodismo libre, jamás existirá democracia en un país”, nos lo repetía una y otra vez.

Trabajó activamente en el lugar que lo destinaran. Su pasión por su profesión lo manifestaba siempre, y en toda circunstancia. Varias veces nos visitó en San Antonio, indagando sobre siniestros personajes que operaban en el litoral central.

Michael Towley y Mariana Callejas los preferidos del “Mamo Contreras” eran premiados con vacaciones pagadas en el Hotel La Bahía de Cartagena, después de cada trabajito que realizaban en el exterior, como el asesinato al general Prats y su esposa. O el crimen del ex Canciller Orlando Letelier y su acompañante; el atentado a Bernardo Leighton y su esposa Anita, que quedó inválida.

Conoció las cabañas de veraneo, para trabajadores y sus familias en el exclusivo balneario de las Rocas de Santo Domingo, las que fueron utilizadas tras el golpe militar como Escuela de la Dina para entrenar a los esbirros de la dictadura, donde practicaban, perfeccionándose en las peores formas de torturas y violaciones, a hombres, mujeres, niños y niñas.

Intentar investigar a los agentes de la CNI, era comprarse un pasaje para una muerte súbita, jamás le tembló la voz para denunciar una y otra vez la maldad que se ceñía sobre los perseguidos, solo por pensar distinto.

Eran otros tiempos, difíciles, donde ejercer de periodista en toda su magnitud, significaba estar fichado para siempre frente a las ilegitimas autoridades que nos gobernaban, con agentes y soplones encubiertos en todas partes, controlando lo que se hacía y qué se decía en los escasos permitidos medios de comunicación.

Otros colegas de Fidel, que no vale la pena nombrar, fueron cómplices pasivos, que prefirieron ocultarse en el bienestar personal convirtiéndose en serviles villanos de las directrices que emanaban de los órganos represivos del Estado, censurando y apresando a los periodistas que se atrevían a no ocultar la verdad.

Siempre estaremos agradecidos, sobre todo cuando nos visitó, con su espíritu cristiano, en la primera Comisaria de Santiago tras la injusta detención, al retirarnos de la residencia de don Eduardo Frei Montalva. Fue una violenta suspensión del acto privado en el sindicato Sumar impedida su realización por los Carabineros, bajo la bota militar.

Nos volvimos a reencontrar, en el a medio construir Congreso Nacional, como periodista de TVN.

La tarea no fue nada de fácil, desde trasmitir la republicana ceremonia de cambio de mando, de un atroz Dictador a un Presidente elegido mayoritariamente por la ciudadanía. 

Perplejo quedó Fidel al saber de mi denuncia al Presidente Aylwin sobre los Pinocheques. La comisión especial que se creó en la Cámara de Diputados significó el derrumbe moral de la oficialidad del Ejército, ante su máxima autoridad, Dijo, del Comandante en Jefe, “sabíamos que era un violador empedernido, pero no un ladrón consumado. ¡Cuídese, diputado, no se la van a perdonar!

Emocionado hasta las lágrimas, no ocultando su origen, señaló: “Soy hijo de trabajadora de casa particular. Soy hijo de una humilde campesina”, comentando la aprobación del proyecto de ley sobre la situación laboral de las trabajadoras de hogar, iniciativa liderada por el gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet.

Fue un destacado hombre, que amó lo que hizo, que recibió merecidos premios y justos reconocimientos por su invaluable labor en pos de la responsabilidad del periodismo, objetivo y veraz.

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