GABRIELA MEDINA, LA MATRIARCA DE UNA FAMILIA TEATRAL

Tiene 86 años y desde su departamento ubicado en la comuna de Providencia contempla silenciosa y paciente el transitar de quienes circulan a diario.

Reconoce que desde muy pequeña supo que su amor por el teatro y la actuación eran reales. “Soy actriz desde los siete años”, admite orgullosa y también lamenta que por sus años no la llamen para trabajar. Se siente vigente y quiere aportar, desde el oficio. En conversación con el Círculo de Periodistas, entrega un mensaje a las nuevas generaciones: “Les diría que siempre sea la verdad la que ellos entreguen; he sido exigente y es lo mismo que pido para los que vienen, que no mientan, que actúen desde la verdad”.

Una poesía desata su vocación

Casi seis décadas teatrales son las que lleva en el cuerpo Gabriela Medina (86), una de las últimas actrices chilenas con vida que perteneció a una generación donde actuar era más oficio que teoría.

Para quienes la conocen y la admiran, Gabriela es una fuerza en sí misma. Un ícono, pero no solo por sus talentos en las tablas, que los tiene de manera notoria, sino que por su legado, su compromiso social, y con sus audiencias.

Es que Gabriela siempre ha querido y se ha reconfortado mediante la gente. Es uno de los motivos por los que prefiere el teatro frente a otras escenas artísticas: “Los hitos en mi carrera giran en torno al teatro, porque aunque hice radioteatro, teleseries y hasta películas, de todas maneras en mi corazón siempre queda el teatro; el tú a tú con la gente”, afirma.

El 7 de octubre de 1935 nació Gabriela Medina. Su interés por la actuación llegó temprano a su vida. El gran aliciente eran las entradas gratis a funciones teatrales que le llegaban a su madre, modista de alta costura que trabajaba para actrices de teatro y ópera. Madre e hija asistían a los espectáculos, y el bichito de la fascinación por las tablas le empezó a picar. No sin encontrar obstáculos.

Su madre no aprobaba la idea de que Gabriela tomara el rumbo hacia una actividad tan poco estable como la actuación. Estudió en la Escuela Normal N°2 de Santiago y se convirtió en docente de enseñanza primaria que ejerció durante 10 años. Conocimientos que, de todas formas, la ayudarían a forjar un oficio donde muchos la reconocen como una madrina y profesora.

La educación no era su camino y fue, precisamente, durante la enseñanza básica que confirmó su vocación. “Estudiaba en la Escuela Normal estaba a una cuadra hacia Blanco Encalada, por una callecita corta… mi profesora descubrió muy tempranamente que yo recitaba, pero sin ese sonsonete que es habitual. Nunca nadie me lo enseñó, sin embargo, recitaba contando la historia”, comenta.

En una de esas exposiciones para la conmemoración de la Batalla Naval de Iquique, un 21 de mayo, Gabriela tuvo su epifanía: “En ese momento, recitando a Arturo Prat me di cuenta que era actriz, y lo descubrí con todos los dolores, con todas las angustias que las actrices tenemos cuando vamos a hacer algo y no podemos, o estamos enfermas”.

La anécdota la cuenta con esa viveza que la caracteriza. Amaneció enferma el día del evento escolar donde recitaría, y su madre decidió dejarla en cama: “Pero le rogué, le lloré para asistir. Iba pegadita de ella, detrás de su abrigo y así llegué a la escuela. Estaba con ansias, y entonces la profesora me ve la cara y le dice a mi mamá, pero ‘si la niña está bien, sí puede’ y me subí a la pequeña plazoleta en pleno patio, lleno de niñas y ahí estuve feliz. Desde ahí supe lo que era ser feliz siendo actriz. Siempre respondo que soy actriz desde los siete años”.

Esa felicidad era el camino que quería y en la década de 1960 vuelve a su fascinación ingresando al Teatro Teknos de la Universidad Técnica del Estado (UTE), hoy Universidad de Santiago, ubicada en la comuna de Estación Central.

Elenco del Teatro Teknos, década del 60. Archivo de Gabriela Medina.

El grupo Teknos sería crucial para sus inicios en el mundo de la actuación, donde compartió con Sonia Viveros y Maité Fernández, entre otros artistas. Debutó de manera profesional en la obra Pan caliente, de María Asunción Requena, integrando el elenco.

Una de las características de la compañía Teknos era su labor de extensión pues buscaban llegar a zonas donde la posibilidad de ver una obra de teatro era escasas e incluso nulas. Recorrió desde el norte al sur nuestro país, dejando toda su pasión y entrega en las tablas, y recibiendo el cariño y admiración de la gente, su público.

Recorte de prensa y Foto elenco Teknos. Archivo de Gabriela Medina.

“En ese tiempo había dos escuelas de Teatro, la Chile y la Católica. Yo no estudié en ninguna universidad pero puedo decir que estudié diez años en el Teknos, el Teatro de la Universidad Técnica del Estado que tenía de Arica a Punta Arenas sedes en las universidades técnicas”, explica y añade que la compañía “recorría de norte a sur todo el año estas sedes para presentar las obras que teníamos en cartelera acá en Santiago. La gracia de esta gira era que viajábamos con nuestro maestro de actuación, con el maestro de voz y con el maestro de movimiento”.

Camilo Henríquez: “El teatro grande a donde queríamos llegar”

Retrato Gabriela Medina, 1976. Autor desconocido. Archivo Patrimonial USACH.

En la década del ‘70 llegó su consolidación. Sin embargo, se produjo en un contexto político y social complejo en el país, tras el golpe de Estado de 1973. Pese a que el Teatro Teknos logró ser una de las agrupaciones artísticas de la UTE que siguió activa, aun cuando el plantel universitario fue intervenido militarmente, debió modificar su foco en cuanto a las obras y a su clásica labor de extensión.

Entre los hitos duros que debió sufrir la compañía están la ejecución del actor Óscar Ripoll, a manos de la Caravana de la Muerte en octubre de 1973, y la exoneración de Raúl Rivera, el director en 1974, quien luego partiría al exilio junto a María Asunción Requena.

Fue el inicio del final, según cuenta Gabriela: “Fue un momento muy importante porque ya había sido el Golpe de Estado y estábamos con Pinochet a la cabeza. Y todos los del Teknos por supuesto que no éramos pinochetistas, y nos echaron”.

Finalmente, el Teknos debió cesar sus funciones en 1975 por orden de Roberto Escobar, Vicerrector de Extensión y Comunicaciones designado por las autoridades militares. Un año después, en 1976, el grupo montó su última obra La familia de Marta Mardones, de Fernando Cuadra, bajo la dirección de Pedro Mortheiru, donde Gabriela interpretó el personaje homónimo.

Ensayo de la Familia de Marta Mardones. Obra de Fernando Cuadra. Gabriela Medina y Juan Quezada en escena. Autor desconocido. Archivo Patrimonial USACH.

La historia, una clásica narrativa sobre la vida de una familia de clase media contemporánea, sus problemas y sus emociones, logró un éxito enorme, pero que no significó que en 1977 la compañía no tuviera que cerrar sus presentaciones definitivamente.

Dentro de esa etapa es crucial la importancia del Teatro Camilo Henríquez pues la compañía presentó gran parte de su repertorio en las tablas ubicadas en Amunátegui 31. La infraestructura, que ya en los años ‘50 había forjado una alianza con el Teatro de Ensayo de la UC, se convirtió en el escenario para la agrupación Teknos que realizó obras como Volpone (1973), Homo Chilensis (1972-73), Las bodas de Fígaro (1974), La viuda Astuta (1975), La Fierecilla Domada (1975) y, finalmente, La Familia de Marta Mardones (1976-77).

“En lo personal fue mi sala (…) Cuando nos fuimos para allá fue el teatro grande a donde queríamos llegar como Teknos”, relata Gabriela.

Comenta que en este período ocurrió el golpe de Estado y los actores se quedaron en el teatro por lo que “siguió siendo mi sala porque para hacer la Marta Mardones, se requería un buen elenco”.

Destaca que “era importante estar en ese teatro. Actuar ahí, en esa sala tan importante como la de la Universidad de Chile, el Antonio Varas. Eran los grandes teatros, de entonces”.

La Familia de Marta Mardones, montaje dirigido por Pedro Mortheiru y el último realizado por Teknos antes de su cierre. La función final fue en mayo 1977. Archivo Patrimonial USACH.

La consolidación teatral de Gabriela le abrió las puertas a otros ámbitos de la actuación: la televisión y el cine. En la década de 1980 participó en teleseries como Bienvenido Hermano Andes (1982), Los Títeres (1984) y Ángel Malo (1986) –solo algunas pues la actriz estuvo en elencos de más de 20 producciones.

En los ‘90 y ‘2000 se sumó a producciones grandes del cine como el Gringuito (1998), de Sergio Castilla, Coronación (2000), de Silvio Caiozzi, Subterra (2003), de Marcelo Ferrari y Machuca (2004), de Andrés Wood.

Película Sub Terra, del director Marcelo Ferrari. Francisco Reyes, Gabriela Medina, Nicolás Saavedra. Año 2003. Archivo de Gabriela Medina.

Su amor por el teatro y el respeto de sus pares

“Yo no creo en los personajes que se visten y se aprenden la letra. Creo que se debe trabajar con lo personal, es decir, que todo salga desde adentro hacia afuera”, dijo Gabriela Medina a “La Segunda” en 1994. Son las palabras con las que se puede sintetizar su fascinación por el teatro y la significancia que encuentra en él.

Son también el reflejo de la disciplina que han observado quienes han trabajado con ella o la han apreciado actuando.

La actriz Annie Murath, dice que “su teatro llega a la gente y a las poblaciones, no es una actriz de teatro con tickets sino teatro para la gente”. Profundiza en esto y destaca de Gabriela el “trabajo social que ha hecho en el teatro, no sólo el artístico de hacer obras, sino que todo lo que se relaciona con el público. Ella tomó un rol importante en enseñar que el teatro tiene puntos de vistas y es un acto político, de la conciencia que se debe tener en base a las historias, historias con contenido”.

La también académica de teatro cuenta que tuvo el privilegio de conocerla hace años cuando era adolescente. “La vi actuar, hablando y comunicando, que es el teatro y la vida. Después cuando estudié, tuve una oportunidad para ir a un encuentro con ella, y me dijo que había que hacer obras con importancia, que hagan soñar al público. Lo que ella tiene por sí es una fuerza y una energía, es una escuela abierta”.

Obra Venecia, año 2000. Gabriela Medina junto a Felipe Camiroaga, en el debut teatral del animador. Archivo de Gabriela Medina.

Para Hiranio Chávez, coreógrafo y docente de la U. de Chile, la actriz es “profundamente disciplinada (…) una característica de su profundo sentido de lo social; se caracterizaba por estar presente en el significado de su trabajo y por eso sus personajes tenían esa característica de profundizar en lo social y político. Eran personajes con los que la gente podía identificarse”.

El musicólogo añade que, además, “es muy divertida, sus personajes populares tenían esa característica”. Enfatiza que “ella representa a una generación políticamente comprometida. Estuvo en el Teknos con destacados actores”.

Ambos concuerdan que en el mundo de la cultura Gabriela Medina es un nombre respetado. Y, de hecho, sus distinciones lo avalan.

La Familia de Marta Mardones, su obra más importante, le valió llevarse en 1976 el Premio Chilena Consolidada a la mejor actriz de teatro.

Y en los últimos 20 años han llegado otros reconocimientos: en 2011 recibió el Premio APES por su trayectoria artística, en 2013 el Premio Cine Chileno a la trayectoria en cine por el Festival de Cine Chileno; en 2016 un Diploma de Honor por la Embajada de Chile en Suecia y una Medalla a la Trayectoria por los 75 años del Teatro Experimental de la U. de Chile; en 2018 el Sindicato de Actores de Chile realizó un homenaje a su trayectoria; en 2019, el directorio del Teatro Sidarte rebautizó una de sus salas como “Sala N°2 Gabriela Medina”, en conmemoración al día nacional del teatro chileno y en el mismo año recibió el Premio a la trayectoria en el Festival de Cine de La Serena.

Premiación de Mejor Actriz a Gabriela Medina, en 1976 por su actuación en La Familia de Marta Mardones, de Fernando Cuadra. Autor desconocido. Archivo Patrimonial USACH.
Gabriela Medina recibe Premio APES a la trayectoria, en año 2000. Archivo de Gabriela Medina.

La amistad con Víctor Jara

En la esquina de San Alfonso con Tucapel, en la comuna de Santiago, vivía Gabriela. En su adolescencia compartió por primera vez con el cantautor y director teatral Victor Jara, con quien volvería a reunirse en la compañía Teknos.

Su cara se ilumina cuando recuerda a quien fuera su amigo de adolescencia: “Víctor llegó, y para nosotras las chiquillas fue caído del cielo porque era muy alto, buen mozo, me acuerdo tan bien de esos zapatos de gamuza café que usaba y siempre estaba tan bien vestido”, dice mientras cuenta cómo fue que junto a otros jóvenes del sector decidieron hablar con una vecina para que les arrendara una pieza donde pasarían las tardes de la década de los ‘50.

“Con Víctor cumplimos los 15 juntos, los 16 también y varios cumpleaños más. Nos juntábamos todos los chiquillos del barrio. Había una señora que tenía una casa donde vivía solita, tenía una pieza hacia la calle, en realidad era como un local y los amigos dijeron ¿por qué no le arrendamos a la señora?… y ponemos un ping pong, y así fue. A Víctor claro que lo aceptamos, y también íbamos a la casa de su mamá que era un comedor donde ofrecía comida”, explica.

Era una vida de barrio. De hacer comunidad, de vivir, reír y soñar con otros y otras. Así lo recuerda Gabriela, quien no solo compartió su amor por el arte y la cultura con el cantautor, sino que también otras aficiones: “Víctor fue el que llevó los primeros patines a nuestras juntas porque él patinaba. Claramente, los demás también sacamos rápidamente patines y lo seguíamos, andábamos con él siempre”.

Gabriela en su departamento de Providencia, donde conversó con el Círculo de Periodistas. Foto: Alejandro Bustos M.

Amor y pasión: Una familia dedicada al teatro

Su primer matrimonio fue con el locutor Manuel Berríos, luego se casó con el actor César Arredondo, fallecido el 20 de febrero de 2013. Sus hijos son María Gabriela, José Luis, el también actor Claudio Arredondo, Patricia Eugenia, Marcela Paz y Alejandra.

La partida de César ha sido uno de los momentos que más la ha marcado. “Nunca había escuchado gritos de dolor de mi mamá. Fue cuando murió mi papá. Yo estaba a unos 30 metros y escuchaba los gritos, era desgarrador. Alegaba y le decía por qué me dejaste a mí aquí; lo tenía abrazado”, recordaba a un año de la muerte de su padre -en el canal La Red- su hijo, también actor, Claudio Arredondo.

En esa misma conversación, Claudio destacó: “Mi madre tiene una capacidad de resiliencia impresionante, tiene una fortaleza que es un ejemplo para nosotros”.

Su amor y vocación por el teatro la traspasó a su familia. Tres generaciones: Gabriela, su hijo Claudio, y su nieta Carolina Arredondo.

Gabriela Medina junto a su hijo Claudio Arredondeo y su nuera Ana Luz. Foto: ChileActores

El coreógrafo y docente de la U. de Chile, Hiranio Chávez, señala al respecto: “Es similar al circo, lo que ha pasado con su familia, una familia teatrista y una familia que madre, padre y abuelo están en el teatro, eso es maravilloso”.

“He sido casada dos veces y viuda dos veces, así que tengo una trayectoria un poquito larga en cuanto a familias”, dijo Medina, en Chilevisión a seis años de la muerte de César Arredondo.

Pese a vivir en años donde el machismo imperaba, y los hombres pocas veces compartían las labores domésticas, Gabriela contaba con el apoyo de su marido, siete años menor que ella. Cuando no tenía trabajo, no había obras o ensayos de por medio, él se encargaba del cuidado de los seis hijos.
“Él cocinaba, los atendía y sí no tenía que salir a esa hora, era yo la que cumplía ese rol”, afirma.

Es viuda del actor César Arredondo hace 9 años. Su historia de amor empezó en medio de las jornadas de teatro itinerante organizadas por la Central Unitaria de Trabajadores. Archivo familiar de Gabriela Medina.

Justamente fue su gran pasión, la actuación, lo que permitió que se enamorará de Arredondo, a quien conoció en medio de las jornadas de teatro itinerante organizadas por la Central Unitaria de Trabajadores (CUT). Se vieron, se enamoraron y nunca más se separaron. Fue en ese contexto, en medio de una presentación de la compañía en la que se conocieron y se enamoraron.

“Él me dio la mano y me dijo ‘nosotros vamos a terminar viviendo juntos’. Yo se la quité rápidamente y él se fue al camarín, y se escuchaba como decía ‘por qué dije eso’, si él era un hombre reservado, nunca supo por qué lo dijo”. Pese a su fallecimiento, ella dice que aún lo siente a su lado.

“César era un miembro de ella, de su cuerpo, un brazo menos de ese tronco que tiene que seguir entregando savia para que los demás sigan creciendo”, afirma Hiranio Chávez.

Gabriela Medina: “Tengo 86 cumplidos. Estoy orgullosa de haber llegado a este momento de mi vida”. Foto: Alejandro Bustos M.

Sus días hoy y el mensaje a los jóvenes que se inician en teatro

Vive en un amplio departamento entre Pedro de Valdivia y Pocuro. Alita, su hija, la acompaña a diario y sigue con extrema rigurosidad los cuidados y horarios de comida y medicamentos porque su madre tiene diabetes.

Gabriela se mantiene activa. Se muestra dispuesta y colaborativa ante cualquier invitación que quieran hacerle para hablar de teatro y de su trayectoria. Lamenta que no la llamen para trabajar porque aún se siente vigente. También, deplora la pandemia que la tuvo encerrada en su hogar tanto tiempo, debido a las restricciones de movilidad impuestas durante meses.

“Tengo 86 cumplidos. Estoy orgullosa de haber llegado a este momento de mi vida, aunque siento mucho que por tener esta edad no me llamen, porque creen que estoy ‘gagá’, y eso no es cierto”, reclama sentada en un amplio sillón, apoyada en su mesa junto a una lámpara, cerca de una ventana que le permite observar el quehacer de la ciudad.

Siempre atenta a la actividad teatral, reflexiona acerca de aconsejar a los jóvenes que se inician en el arte que le apasiona: “A las nuevas generaciones les diría que siempre sea la verdad la que ellos entreguen; he sido exigente y es lo mismo que pido para los que vienen, que no mientan, que actúen desde la verdad”.

Este reportaje se realizó gracias al financiamiento del Fondo de Fomento de Medios de Comunicación Social del Gobierno de Chile y del Consejo Regional.

Periodista: Maritza Tapia F.
Fotógrafo: Alejandro Bustos M.

Editora: Ana Rosa Romo R.
Agradecimiento a: Archivo Patrimonial USACH.

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