¿HAY REMEDIO PARA LOS CORRUPTOS?

21
Ene

Luis Arancibia Urzúa, desde Madrid.

¿Qué le sugieren estas palabras?

Púnica, Gurtel, Kitchen, Ere, Pujol, Roldán, Bárcenas, Tarjetas Black o Naseiro.

Es probable que no sepa lo que significan, pero si estuviera al tanto de la actualidad española conocería de qué tratan.

Son los nombres con los que se identifican los procesos por corrupción que involucran a políticos, empresarios, funcionarios o ciudadanos de bajo perfil, pero dispuestos a enriquecerse mediante entramados urdidos para estafar, malversar, pagar o recibir coimas y otros ilícitos en perjuicio del
dinero público. El de todos los ciudadanos.

Hoy en España más de dos mil personas están en prisión y más de 40 mil han sido penalizadas en causas abiertas por corrupción y que generan un impacto económico de miles de millones de euros.

Los casos más connotados son fraudes a Hacienda y a la Seguridad Social, corrupción urbanística, licitaciones fraudulentas y pagos en dinero negro depositado en paraísos fiscales.

Las informaciones que se dan de estos casos pueden hacernos pensar que en España, como en Chile, la corrupción es endémica y difícil de controlar. Pero conviene respirar hondo y analizar lo que se dice al respecto.

Según el último informe de Transparencia Internacional, España ocupa el puesto 30 y Chile el 28 en la lista de 192 países en cuanto a mecanismos fiables para la prevención de la corrupción.

Mientras Chile ocupa el tercer puesto en transparencia entre los países latinoamericanos, España se sitúa en el lugar decimotercero de los 28 que conformaban la Unión Europea, antes del Brexit.

No obstante este aprobado, urge poner atención en aquellos flancos donde los corruptos meten sus manos en las arcas públicas o en tramas urdidas para repartir o recibir dinero negro a espaldas de los organismos de control.

Porque el corrupto está al acecho y conoce, por su personalidad, como activar sus tentáculos.

¿Es posible desterrar, o al menos, reducir su campo de acción?

Ian Robertson, profesor de psicología del Trinity College de Dublin, autor del libro “El efecto Ganador”, afirma que el poder político y la cocaína ejercen efectos similares y adictivos en el cerebro. El poder político eleva en hombres y mujeres la producción de testosterona. El derivado de esta hormona, llamado 3-andrestadienol, impacta en una zona del cerebro llamada núcleo acumbes lo que genera dopamina, que es muy placentera. Tanto como la cocaína. Y ya se sabe. En ambos casos, el cerebro quiere más. Y esto es lo que se debe evitar.

Que la adicción por el poder, el dinero y el placer se convierta en una constante de vida.

La cuestión es rehabilitar al corrupto. Anular en cuanto sea posible su adicción al poder y su desmedida y placentera ambición por el dinero.

En España se ha puesto en marcha un Programa de Intervención en Delitos Económicos, PIDECO, con la finalidad de reeducar a los implicados en corrupción. El objetivo es que los condenados por este delito se arrepientan de sus actos, se responsabilicen, pidan perdón, reparen el daño causado y se comprometan a no reincidir cuando recuperen la libertad.

Los expertos que han elaborado este plan de reinserción reconocen que, dado el perfil del corrupto, el éxito no está asegurado.

El corrupto no suele reconocer que ha cometido un delito. Es ególatra, narcisista, con un alto concepto de sí mismo, son poco altruistas y empáticos. Su desconexión de la ética, de lo moral, les permite supra valorar el poder y el lucro.

Los presos por corrupción deben tener presente que no tendrán beneficio penitenciario, pero sí pueden lograr avances en su evolución individual. A lo largo de 10 meses y tras 32 sesiones de grupo se abordarán temas como la autoestima, las emociones, el sistema de valores y la responsabilidad.

La etapa final constituye un difícil reto que permitirá valorar si “el remedio” ha surtido efecto: el corrupto se sentará frente a alguien que haya sufrido las consecuencias de sus actos. Por lo general, al no reconocer el delito económico, ignora el daño que ha causado. Los perjudicados no tienen rostro para él.

El plan intenta convencer al corrupto que con su afán desmedido por poseer bienes y alcanzar un status por su riqueza no logrará la felicidad que ansía. Que la familia y la salud son lo importante.

El innovador programa para reducir el campo de acción de los corruptos debe ir acompañado de mecanismos legales sólidos y de un sistema judicial dinámico.

Chile, que se encamina para elaborar una nueva Constitución, tiene una oportunidad excepcional para activar normativas legales que incidan en la transparencia, tanto en los ámbitos públicos y privados.

Es imprescindible establecer un compromiso de los partidos políticos para responder a la inquietud de los ciudadanos por la corrupción. Ellos poseen la llave para hacer que el aire renovado despeje los malos hábitos.

En ese cambio tan esperado y necesario para la mayoría de los chilenos también es imprescindible una mayor sensibilización de los jueces y reforzar las actuaciones previas a los delitos “de guante blanco” y su disuasión.

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