Hernán Miranda recibe homenaje del Círculo de Periodistas

Homenaje al poeta Hernán Miranda en  acto de colocación de su nombre al Salón de Eventos del Círculo de Periodistas de Santiago. Octavo piso Amunátegui 31. Día del Patrimonio Nacional, sábado 28 de mayo del 2022.

Por Olivia Mora

El verano estaba  por finalizar aquel segundo domingo de marzo de 1984, cuando los medios de comunicación,  en su mayoría simpatizantes de la dictadura, se revolucionaron  con una extraña noticia.  El sorpresivo  suceso provenía del Jardín Zoológico, ubicado a un costado del Cerro San Cristóbal. En una jaula del sector de los simios había aparecido un nuevo morador. En la puerta se leía un letrero: “Hombre: nombre científico Homo Sapiens, habitad: todo el mundo”  Adentro, y esperando que los visitantes del Zoológico le dieran maní y plátanos, estaba Hernán Miranda Casanova con una máquina de escribir y denunciando el enclaustramiento en que vivía la cultura nacional.

En esos años era, por lo demás, una arriesgada acción. Afuera de la jaula lo acompañaban connotados intelectuales. Nicanor Parra en voz alta clamaba: “Esto es un espejo de la realidad”.  Eduardo Llanos explicaba. “Es un experimento científico para ver el comportamiento de la gente”. Sin duda, eran explicaciones necesarias para evitar que la CNI los detuviera. Alborotados llegaron los reporteros a entrevistar al nuevo simio. Alipio Vera solicitaba una exclusiva declaración, mientras el enjaulado hacia movimientos imitando a los monos y rascándose la cabeza. Un fotógrafo gringo tomaba fotos y se preguntaba: “¿qué país es este?” mientras escuchaba decir a Nicanor Parra: “El hombre es un animal que posa para las cámaras y usa lentes oscuros”. Todos entendían a quien se refería. Alguien le pregunta al nuevo morador: “¿le puedo dar maní?”. Él acepta,  lo recibe y se lo regala al mono de la jaula vecina. Pasa un niño y le dice “¿Hombre que estás haciendo ahí?”. Entonces,  Hernán declara solemnemente: “A partir de ahora el zoológico tiene un nuevo espécimen: el hombre”.

En medio del apagón cultural, que llevaba 11 años, los periodistas quedaron perplejos. Entre los visitantes del Jardín  Zoológico, aquel domingo, hubo asombro. Nacida de un colectivo de escritores y poetas, la genial idea estaba  invitando a una profunda reflexión. Y fue Hernán Miranda quien la hizo realidad con valor y exponiéndose a ser detenido por la Dina.

Quizás en el encierro de la jaula, Hernán, recordaba los polvorientos caminos de su Quillota natal de aquellos años cuarenta. Y los días de septiembre en que aparecían los  circos recorriendo los campos chilenos con monos, elefantes y tigres que hacían las delicias de los chiquillos. En esos años de su infancia, rodeado de cerros, naturaleza frondosa y cielos surcados por pájaros, el hábito por los libros se lo inculcó su madre. Ella era de familia campesina, pero con gran pasión por la lectura. Hernán vivió en la tranquilidad de esa tierra rural hasta los 10 años. Una desgracia sufrida por el padre hizo que la familia optara por trasladarse a vivir a Santiago.

Aquí, el despertar literario se produjo a los 11 años cuando cursaba sus primeros años de básica en la Escuela 61 de San Miguel. Eran los tiempos en que los profesores influían e impulsaban la formación intelectual de sus alumnos. El maestro Jorge Soza Egaña estimulaba diariamente a los niños a escribir diciéndoles: “escriban todo lo que vean, escriban”. Influyó también en Hernán, Rafael Coronel, un maestro ecuatoriano, radical y republicano. En  una clase pidió a sus alumnos escribir un soneto en el pizarrón. Hernán  lo hizo en forma tan correcta que el profesor exclamó: “Éste va a ser un poeta”. Así, en esa modesta aula de clases de un colegio público recibió su primer reconocimiento literario. Luego trabó amistad con un poeta y librero de La Cisterna, Rafael Hurtado, quien le prestó los primeros libros de poetas populares. Aún Hernán no llegaba a los 15 años.

Posteriormente, su ingreso al Pedagógico de la Universidad de Chile le permitió  integrar  el círculo de poetas y escritores jóvenes, y entró de lleno en el mundo de la intelectualidad de la época. Allí cultivó una profunda amistad por años con Nicanor Parra, quien lo acompañó en su cautiverio en el Zoológico de Santiago.

Catalogado miembro de  la Generación del 60, su consagración estalla en el año 1969, cuando recibe 4 importantes reconocimientos: Premio Concurso de Poetas Jóvenes organizado por la Fech. Mención Honrosa del Concurso “Gabriela Mistral” de la Universidad de Santiago. Primer Premio del Concurso de Poesía para Poetas de hasta 30 años de las Juventudes Comunistas. Y primer premio en el Concurso de Poesía de la Facultad de Filosofía y Educación de la Universidad de Chile, cuyo Jurado lo integraban nada menos que Pablo Neruda, Jorge Tellier, Nicanor Parra  y Juvencio Valle destacados poetas. A sus 28 años Hernán Miranda se hizo conocido. Y fue ese Premio él que lo catapultó a aparecer en diarios y revistas culturales y ser considerado una promesa de la poesía chilena. Posteriormente recibió otros importantes galardones como el  Premio de la Municipalidad de Santiago y el Premio Altazor. El Premio de  La Casa de las Américas de Cuba lo recibe el año 1976 cuando estaba exiliado en Buenos Aires, donde también imperaba una dictadura.  Fue  así que no pudo viajar a recoger el diploma, el cual le fue enviado  por correo certificado junto a los dólares que mucha falta le hacían en el exilio.

Desde su primer libro “El Arte de Vaticinar” en 1969 hasta “Poesía Reunida” en el  2018,  Hernán Miranda  ha editado 16 obras. Sólo vivió un intervalo de 17 años durante el Apagón Cultural que soportó Chile en dictadura. Ha participado en 30 muestras colectivas en Chile, América Latina y Europa.  Está presente en 20 Antologías de la Poesía publicadas en Argentina, Perú, México, Italia y Rusia. En el 2009 el Círculo de Periodistas le publicó “Señales en el Camino” poemas que fueron incluidos en esas antologías.

 El poeta Bernardo Chandia, quien falleció a los 30 años decía: “Hernán es un poeta cable a tierra. Yo fui uno de los que me agarré de este cable a tierra. Me agarré fuertemente porque la vida fue agitada y difícil. Y este cable aguantó el aguacero, la tormenta, la mentira, la desaparición”. A pesar de los elogios, sigue siendo humilde, tranquilo, juicioso, silencioso, humano y de pocas palabras. Tanto era así desde joven, que un día  Nicanor Parra le envío un recado: “Díganle a Hernán Miranda que se promocione”. Otro escritor, Juan Cameron, lo definió como  “Grande y silencioso poeta chileno”.

Alejado de los flashes y la figura mediática, Hernán ha contribuido a la Academia en diversas Universidades, en certámenes culturales, concursos literarios y ha hecho aportes al periodismo chileno en diarios y entidades públicas, y también como dirigente del Colegio y del Círculo de Periodistas.

Algunos críticos han calificado su obra de anti poesía, con lenguaje irónico, otros de poesía realista, de lo contingente y lo cotidiano. Pero dejemos a los lectores que opinen, mientras leemos este poema titulado: “Un despreciable clochard se apoderó entonces de la palabra”.

(de la página 36  del libro “Anna Pink y otros poemas”, año1984)

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