Libertad de expresión y derecho a la comunicación en peligro

27
May

Por Lidia Baltra

Por el súper poder de las transnacionales cibernéticas…

Con las redes sociales, cada ciudadano conectado con la Gran Red o Internet y premunido de un celular inteligente, puede hoy difundir su opinión al mundo a través de Facebook, Twitter, Whatsapp, Telegram, Instagram, TikTok y quizás cuántos nuevos más que han surgido mientras escribimos… Y los afiliados a Facebook hasta pueden “publicar” sus propios mensajes sin pedir permiso a nadie. ¡Pareciera que le habríamos quitado –por fin– el poder exclusivo de emitir mensajes a los grandes medios de comunicación! Creíamos haber alcanzado las comunicaciones democráticas que por décadas soñamos… ¡Todas las voces, cada una con su propio medio difundiendo al mundo!

Todo estaba bien hasta que apareció el Gran Hermano GAFA (Google, Amazon, Facebook, Apple) y en dos por tres acalló a un afamado usuario: Donald Trump. Que el primero fuera él y que la causa fueron sus mensajes de odio, silenció los reclamos. Pero ¿estaremos tan de acuerdo todos, todo el tiempo, con ésta o futuras censuras?

El Derecho a la Comunicación

Hace 40 años, esta aspiración debatida en el seno de la UNESCO cristalizó en el texto “Un solo mundo, voces múltiples”. Era el Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación (NOMIC)  nacido en la Comisión MacBride nombrado por la entidad. Sus principios básicos eran: 1) La comunicación es un servicio a la ciudadanía, no una mercancía. 2) El modelo comunicacional democrático requiere de un tipo de sociedad democrático en los planos político, económico, social y cultural. 3) Toda persona debe internalizar y poner en práctica el Derecho a la Comunicación.

Modelo que se congeló un año después por el chantaje de los principales sostenedores económicos de UNESCO: Estados Unidos y Gran Bretaña, que amenazaron con retirarse del organismo si la propuesta continuaba. Y en adelante, el tema de las comunicaciones en las Naciones Unidas quedó radicado en la UIT (Unión Internacional de Telecomunicaciones), en una vertiente predominantemente técnica.

Se había clausurado el Derecho a la Comunicación, que es el internacionalmente reconocido derecho de todas las personas a expresarse, a buscar y recibir informaciones, pero perfeccionada con los aportes del NOMIC: agregaba democratizar el poder de emisión a través del derecho de cada cual a emitir sus mensajes en los medios establecidos (pluralismo) y a tener medios propios.

Pese a los esfuerzos realizados por periodistas, a través de su orden profesional, y comunicólogos en aquellos años de reconstrucción de la democracia, en la Ley de Prensa que se promulgó en 1993 con participación de representantes de todos los colores políticos, se incluyó un débil llamado al pluralismo en los medios, pero no lo de los medios propios.

Irrupción Digital

Han pasado cuatro décadas y el escenario de las comunicaciones ha cambiado completamente. Hoy no están solo los medios tradicionales: prensa escrita, radioemisoras, cinematografía y canales de televisión. Con la irrupcióndel mundo digital surgieron nuevos medios que crecieron con una velocidad, magnitud, amplitud y diversidad inimaginables. Primero con los mails o correos electrónicos que sepultaron cartas y buzones. Y luego vinieron los blogs, donde cualquier mortal provisto de un computador y la debida conexión, escribía informaciones o columnas de lo que quería. Y los medios tradicionales que se vieron obligados a modernizarse y pasar al mundo digital con sitios web y periodismo digital.

En seguida, a raíz de la segregación elitista a un joven estudiante de la vida social universitaria, se crea Facebook que permite a cada persona armar su propio grupo de “amigos” y “publicar” lo que se le antoja… Y lo siguióTwitter, que le compitió con posibilidades más rápidas de expresarse y responder… Y luego YouTube, WhatsApp, otro sistema más rápido y gratis de intercambiar mensajes, fotos, videos, artículos de opinión y diarios digitales… E Instagram para las fotos… y suma y sigue.

El sueño de la diversidad de opiniones y de cada cual emitir sus propios mensajes en su propio medio, estaba cumpliéndose. Pero con otros inconvenientes: la barrera económica que impide que todos puedan contar con un computador o un teléfono inteligente y ambientes provistos de wifi. Y los que sí los tenían, comenzaron a recibir información tan abundante, de emisores a veces desconocidos que se confundían: cuál elegir, a cuál creer. Muchos de estos emisores carecen de una formación profesional con la ética necesaria…Y surgieron las “fakenews” con información no comprobada o malintencionada; agresiones con lenguaje procaz y hasta con amenazas de acciones físicas. Ataques que se multiplicaron con el uso de los “bots” o robots informáticos que reproducían sus mensajes de odio con una velocidad y radio de llegada nunca antes alcanzado por los medios tradicionales.

Y ya no se pudo confiar más en lo que se leía en las redes sociales. Salvo que viniera de alguien conocido por su solvencia.

En los medios tradicionales- regulados por normas éticas y leyes – también falta la verdad, hay tergiversación, manipulación y omisión, de acuerdo a su línea editorial. Pero con ellos, ya nos acostumbramos a leer entre líneas, separar verdad de mentira.Y hay una legislación para sancionar posibles faltas o delitos de calumnias o injurias que se cometan a través de ellos. Pero en los medios digitales, la situación no es clara. Hay poca legislación que regule internet, la que existe (protección de datos personales) se la saltan olímpicamente, y mejorarla es difícil sin limitar la libertad de expresión.

Poder de Censura

Hay países que no permiten la llegada de ciertos emisores de internet porque alteran su gobernabilidad con mensajes adversos a sus doctrinas o sistemas, con lo cual se limita gravemente la libertad de expresión como la conocemos. Pero en los medios digitales últimamente, ha sucedido algo más grave: son los dueños de los grandes grupos cibernéticos, como Google, Amazon, Facebook, Apple (GAFA) quienes de pronto deciden eliminar de sus medios la voz de una persona por estimar que envía mensajes que violan las reglas de la comunidad internacional y de la paz mundial.

Ya se predijo hace décadas: en el futuro, no serían los países, ni siquiera las grandes potencias quienes manejarían el mundo, sino las transnacionales… Y hoy,  las de la Gran Red pueden censurar informaciones y opiniones. Y aunque en el caso del cierre de la cuenta de Facebook al ex presidente estadounidense Donald Trump muchos aplaudieron, lo grave es que con este ejemplo se sienta un precedente. Quedó en evidencia que los gigantes de Internet acumulan demasiado poder: además de vigilarnos, conocer nuestro pensamiento y hasta nuestros menores gustos y venderlos al mercado, el de censurar cualquier voz.

Con lo cual, se derrumba parte importante del Derecho a la Comunicación que parecía ya estar en práctica en el mundo: el derecho individual, de cada persona – si no cuenta con una empresa mediática- de expresarse por un medio que consideraba propio…

¿Cómo mantener este derecho fundamental ya conquistado? Pero principalmente, cómo defendernos del poder y posible abuso de las transnacionales del ciberespacio? Es la nueva tarea que tenemos por delante.

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