Reflexiones de nuestras periodistas

08
Mar

A partir de sus miradas, las periodistas Lidia Baltra, Margarita Pastene y Gladys Díaz escriben y reflexionan sobre este Día Internacional de la Mujer.

Lidia Baltra Montaner

Son dos los roles principales que debiéramos cumplir las mujeres periodistas en los medios en que trabajamos: informar y fomentar la comunicación para alimentar la democracia en nuestro país; y luego, promover la igualdad de género, para cambiar una realidad que nos mezquinan desde hace siglos.

En estos momentos en que la democracia que construimos con tanto esfuerzo a lo largo de tres siglos de historia se resquebraja a piedrazos y balines, es urgente que contribuyamos a fortalecerla, a apoyarla entregando más verdades, las de mi vecino y la mía, las de ese grupo que viste de azul y la de aquel que viste de rojo. Y promover el diálogo a través de los espacios de los medios para que se oigan y se entiendan. Tarea especialmente crítica al momento en que buscamos diseñar una nueva Constitución.

En cuanto a promover la igualdad de géneros: hay que crear una nueva cultura, que desplace a la patriarcal en que hemos vivido desde hace siglos y que nos ha postergado en nuestro desarrollo como personas. Si bien es cierto que en los últimos años las mujeres hemos avanzado mucho en nuestras conquistas, gracias al impulso de movimientos espontáneos de mujeres que dijeron “¡basta!”, y al movimiento feminista liderando el camino de nuevas conquistas, aún predomina en la sociedad la cultura patriarcal, donde todo se ha hecho desde el punto de vista de los hombres, sin reconocérsenos nuestros méritos en materia de inteligencia, laboriosidad, innovación y responsabilidad.

El común de la gente cree que el periodismo chileno lo realizan las mujeres periodistas. Y no están lejos de la verdad por la cantidad de féminas en el oficio. Pero lo cierto es que generalmente estamos trabajando como hormigas cumpliendo órdenes, pues la mayoría de los puestos importantes, de decisión, la tienen los colegas hombres. Un estudio de hace cinco años de una investigadora de la U. De la Frontera develó que sólo un  28,7 % de mujeres desempeñan cargos directivos o gerenciales en los medios tradicionales.

Tenemos que ganarnos la confianza de los empresarios de los medios para compartir la batuta. Pero también, en esta nueva era de medios digitales, podemos independizarnos y lanzarnos en el desafío de crear nuevos espacios de información donde podamos elaborar nuestros mensajes de acuerdo a nuestro mejor saber y sentir.

Margarita Pastene

En nuestra tarea irrenunciable por alcanzar una sociedad integradora, democrática, amplia y solidaria, el rol de las mujeres periodistas y comunicadoras es fundamental, porque hemos sido parte de una larga historia mal contada y que ha anulado toda posibilidad para que la mitad de la humanidad pueda dar cuenta de su historia, de su visión del mundo, de sus anhelos y sus derechos en sus propias palabras.

Desde el periodismo, desde los medios de comunicaciones se requiere con urgencia una doble mirada que valore y refuerce la lucha de las mujeres para derribar las estructuras sociales que aun intentan invisibilizarnos y marginarnos.

No podemos avalar la apreciación reduccionista y negadora que se ha proyectado sobre nosotras desde la prensa. Y en el contexto social y político que vivimos hoy en nuestro país, las mujeres, todas, no estamos esperando dádivas, ni desde los medios, ni desde las estructuras patriarcales. No estamos pidiendo cuotas en los espacios que nos corresponden. Estamos exigiendo una doble mirada para contar la historia completa.

Este 8 de marzo esperamos una reflexión profunda en las salas de prensa y ojalá se tome conciencia sobre el significado de construir realidades a partir de una prensa no sexista.   No queremos medios, los queremos enteros.

Gadys Díaz

Pertenezco a la generación que egresaba de la enseñanza media, en los primeros años que nuestra profesión tenía carácter universitario y cuando todavía muchos de nuestros padres pensaban que estudiar Periodismo era un desastre, porque no era oficio de mujeres, sino de borrachos. Pertenecer a esa generación me significó aprender, después de egresar, de la generosa maestría de Luis Hernández Parker, Tito Mundt, y tantos otros.

Los y las periodistas formados en las universidades mantuvimos al comienzo los rasgos del apostolado y la bohemia de nuestros viejos pares y luego nos abrimos a un espacio de reflexión mayor y toma de conciencia, al lado de los intereses y la defensa de los derechos de nuestro pueblo.

A fines de los sesenta, como otras colegas, recorrí el camino profesional desde reportera, comentarista radial, directora de revista, Jefa de carrera universitaria, directora de noticias en radios, corresponsal de periódicos extranjeros, directora de una publicación periodística en la clandestinidad, presidenta del sindicato de periodistas radiales hasta el golpe militar y vicepresidenta de la Coordinadora de Trabajadores de la Comunicación formada en 1971.

Y desde esta extensa y prolongada experiencia periodística hago llegar en este 8 de marzo un saludo cálido a las mujeres periodistas de nuestro país, especialmente a las jóvenes camadas, en quienes ciframos la esperanza de recuperar un periodismo comprometido con aquel viejo anhelo de ser voz de los que no tiene voz.

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