Sociedad chadwiniana

Por Sergio Reyes.

Llama la atención que el Ministro de Interior Andrés Chadwick, y a través de medios de comunicación, expresara que organizaciones terroristas extranjeras están, junto a otros grupos nacionales, detrás del bombazo en una comisaría en Huechuraba.

Tal declaración, viniendo del encargado de la seguridad interior, crea un efecto de preocupación en la gente, porque es de suponer que el ministro tiene información para afirmar tal situación de gravedad, creando conmoción nacional.

El punto es que el ministro Andrés Chadwick termina transformando, como él dijo, un “dato por todos conocidos”, (extraído de Google), en información para una campaña de terrorismo mediático.  

El gobierno, en voz de su ministro de interior, atacó directamente la percepción y los sentimientos de la población, nunca se dirigió al raciocinio, porque tomó al delincuente y lo transformó en una organización con ramificaciones internacionales, un enemigo de todos, y “un enemigo poderoso”, como aseguró.

Es decir, el ministro Chadwick dejó sentado que los posibles ataques con bombas podrían darse en forma masiva e inmediata, afectando a todo el mundo.

Ante estas declaraciones sin mayor sustento, el gobierno y Chadwick se convierten en la principal amenaza a la vida pública, dada la manipulación que hacen convirtiendo la información en intimidación manifiesta. Lo que buscan es sentar compromisos de la población con su Ley Antiterrorista, pero sin demoler a la fuerza opositora, al contrario. Lo que buscan es desestabilizar a la oposición política, conseguir sus votos, y hacer compromisos, como finalmente les resultó.

La otra parte de la amenaza la pusieron sobre la gente los medios de comunicación, quienes hicieron meras repeticiones de lo sabido respecto al “caso bombas” para el desgaste político ciudadano, al mismo tiempo, debilitando la capacidad de resistencia de los políticos menos avezados, o “casi” comprometidos con el gobierno para la entrega de su voto a favor de la ley Antiterrorista.

Esa misma cultura mediática, que conforma la virtualidad real en tanto virtual, permite disolver la memoria del crimen de Camilo Catrillanca, por ejemplo; erosionar y fragmentar los espacios de participación ciudadana, porque finalmente, aquellas historias de “crímenes  antiterroristas” que no fueron tales, quedan al margen, sin contornos, sin trama, sin contenidos, desfigurándose en el tiempo, y que éste tipo de leyes, que acabó con la vida de Camilo Catrillanca, se reformulen y vitalice para seguir su camino de terror.

Para tal cometido, la campaña del gobierno fue multiplicada en las redes sociales, especialmente por los inter-nautas, quienes añadían desinformación al crear distintos escenarios virtuales de enfrentamientos terroristas, mezclando la iniciativa del gobierno con migrantes, delincuentes, narcotraficantes y mapuches.

Y cuando el escándalo de la denuncia de Chadwick (información para una campaña de terrorismo mediático) toma ribetes desconocidos de terror, la ley Corta Antiterrorista termina aprobada por el senado. Así, la agenda de la oposición fue desarticulada, y terminó trabajando para el gobierno.  

Ahora, qué pasaría si la información de Chadwick sobre organizaciones terroristas internacionales en el país fuera falsa. Hay algunos “bromistas” que han sido echados de sus trabajos por crear una sensación de incertidumbre, y de terror en la gente. Chadwick creó esa sensación de temor en la población para fundar las condiciones comunicacionales necesarias, y que el proyecto de ley Corta Antiterrorista fuera despachado por el Senado.

Efectivamente, Chadwick desplazó las agendas de los trabajadores, de los estudiantes, de los sin casas, junto a algunos parlamentarios de la Oposición, y coloca la de los terroristas, la unifica frente al enemigo común; la oposición se tragó el chicle de Chadwick, a algunos les gustó.

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